Se trata de cultivos protegidos, cuyas estructuras tienen como objetivos específicos los siguientes:
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Reducir las necesidades de agua.
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Proteger los cultivos de las bajas temperaturas.
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Reducir la velocidad del viento.
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Limitar el impacto de climas áridos o desérticos.
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Reducir daños de plagas, enfermedades, nematodos, malas hierbas, pájaros y otros depredadores.
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Aprovechar la energía solar de la forma más eficiente posible.
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Mejorar la calidad y preservar los recursos (hídricos, edáficos).
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Y finalmente, estabilizar los suministros de productos de alta calidad a los mercados.